“Cruzar el Estrecho es la impresión más grande que he tenido en la vida”

Hace tres años copó los titulares por su gran gesta, pero la urnietarra Txaro Tomasena ha seguido cosechando medallas y récords

A sus 80 años, Txaro Tomasena, vecina de Urnieta desafía no solo las corrientes del océano, sino también los prejuicios sobre la edad. Tras haber cruzado el Estrecho de Gibraltar con 77 años, se prepara ahora para unir Lanzarote y Fuerteventura. Además, tras superar una lesión, acaba de volver del Campeonato de España Máster de Natación en Logroño con cuatro medallas de oro, récords de España en 200 metros libres y 200 metros braza y con el trofeo Octatlón.

Cuéntenos sobre la hazaña de cruzar el Estrecho. ¿Cómo fue aquella experiencia?

En julio de 2023, con 77 años, crucé el maravilloso Estrecho de Gibraltar. Utilizo estos calificativos porque fue una experiencia tan impresionante, fuerte y sorprendente que, a medida que pasa el tiempo, la valoro más. Me impresiona la viveza de ese mar, la confluencia del Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo en apenas 15 kilómetros. Estar ahí, nadando sobre esas profundidades con vientos tremendos, es la impresión más grande que he tenido en mi vida a nivel deportivo.

¿Podemos adelantar algo sobre su próximo reto?

Durante los entrenamientos previos al Estrecho, que fueron muy duros, tuve un momento de flaqueza en febrero. Me fui a Lanzarote para reflexionar y vi que la distancia entre Lanzarote y Fuerteventura es de 15 kilómetros, exactamente la misma que el Estrecho. Allí decidí que, si el cuerpo aguantaba lo haría. Ese reto es la travesía de la Bocaina, que realizaré en octubre. Es una prueba muy difícil; mucha gente abandona porque las sensaciones son duras.

Este año lleva un palmarés impresionante, incluyendo récords de España. ¿Cómo gestiona las lesiones a esta intensidad?

Este año he entrado en la categoría de más de 80 años y estoy logrando oros y récords de España. Actualmente lidero el Octatlón a nivel nacional. Sin embargo, en junio me rompí el dedo pequeño del pie al golpear una corchera durante un entrenamiento de braza. Para recuperarme, acudí a una clínica especializada en Vitoria donde tratan a deportistas de élite. No acepto que me digan “tienes 80 años, ¿qué esperas?”. Busco soluciones para seguir compitiendo.

Es sorprendente saber que no empezó a nadar de joven.

Empecé a los 65 años. Siempre me gustó el mar, pero en una travesía en la Zurriola me perdí. Mi marido me esperaba en la orilla y, tras dos horas de angustia pensando que me había pasado algo, aparecí zigzagueando. Me dije a mí misma: “O aprendo a nadar en serio y como Dios manda, o no vuelvo a tocar el mar”. Busqué un entrenador y empezamos a trabajar la técnica desde cero.

«No acepto que me digan: ‘Tienes 80 años, ¿qué esperas?’ Busco soluciones para seguir compitiendo»

¿Cómo es su rutina de entrenamiento actual?

Entreno seis días a la semana. De noviembre a junio nado en piscina de 50 metros en Anoeta, donde hago series de resistencia y potencia. Un día a la semana voy a una piscina de 25 metros para trabajar velocidad y técnica. A partir del 15 de junio alterno piscina con el mar. Además, hago trabajo de gimnasio, pero sin impactos agresivos. El músculo debe estar muy fuerte para proteger las articulaciones a esta edad.

¿Disfruta más nadando en la piscina o en el mar abierto?

El mar abierto es mucho más retador. En abril, durante el Campeonato de España en Ibiza, el mar estaba tan bravo que incluso volcó la barca de un juez. Redujeron la distancia de 3.000 a 1.500 metros por seguridad. Yo era la única de mi edad; las más cercanas tenían 70 años y eran campeonas del mundo. A pesar del oleaje y de tener que nadar en zigzag, fui feliz. Los retos no me arrugan; mi mente trabaja para superar la situación. Me encanta esa exigencia, siempre bajo un control médico estricto.

¿Qué le diría a quienes piensan que la edad es un límite insuperable?

La vida me está demostrando que el dicho “con los años pierdes” no es una verdad absoluta. Mi cuerpo y mi mente, gracias al trabajo constante, me demuestran que la edad no es un hándicap. Lo fundamental es la alimentación, el descanso, el cuidado personal y, sobre todo, marcarse objetivos ambiciosos. De hecho, hoy me siento mejor que hace 20 o 30 años. Hago cosas que entonces eran impensables. A los 69 años empecé con los triatlones y a los 79 gané mi primera medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. No es la edad; es la capacidad de sacarle a tu cuerpo la chispa que todos tenemos dentro.